Ya que estamos en verano, hemos pensado en incluir esta entrada sobre la arena, un sedimento que nos rodea, y que aporta mucha información.

 

En sentido estricto una arena o arenisca (cuando ya está cementada y forma una roca propiamente dicha) está formada por fragmentos comprendidos entre 0,063 y 2 mm. La forma, distribución y mineralogía de los granos nos hablan de su origen.

 

Por ejemplo, sabemos del origen eólico de una roca cuando los fragmentos de los que está compuesta presentan un tamaño muy uniforme, ya que este agente erosivo únicamente puede transportar ciertos tamaños en suspensión. Igualmente, cuando presenta distinta distribución puede aportar información sobre corrientes fluviales o costeras.

 

Respecto a la mineralogía, normalmente son fragmentos de cuarzo, aunque también suelen aparecer feldespatos, calcita y óxidos. Domina el cuarzo frente a otras mineralogías por ser un mineral muy resistente. Por ejemplo, en la arena de playa, al estar sometida a constantes lavados, únicamente persiste el cuarzo.

 

Todos conocemos el aspecto que tiene una arena de playa, pero estas formaciones sedimentarias también las podemos reconocer en el pasado geológico, aunque presentan un aspecto un poco diferente porque han sufrido procesos geológicos, como enterramiento, compactación y posterior elevación y plegamiento. En ocasiones conservan marcas de corriente, como los ripples que se pueden ver en esta fotografía correspondiente a Rillo de Gallo en Guadalajara. Representa una playa que existió en esa zona hace 250 millones de años.

Paleo Playa en Rillo de Gallo